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Ignacio Pérez-Jofre: Mirar

Inauguración 7 de septiembre de 2013.


Ventana I, 2012, óleo/tabla, 48 x 48 cm.


Mirar

Mi hermano me contó que una forma de meditación consiste en centrar toda tu atención en un punto, una cosa o una idea, de manera que la mente se libere de pensamientos, recuerdos y deseos que la inquietan, entrando en una fase de contemplación que, en su más alto grado, lleva al olvido del yo. Me di cuenta entonces de que la manera en que yo experimento la pintura y el dibujo hechos directamente del natural está muy cerca de ese ejercicio. El dibujar o pintar algo que tengo delante, observando atentamente su aspecto e intentando reproducirlo, me pone en un estado al que no podría llegar por ningún otro medio; la absorción que exige el proceso de descripción de lo real lleva a la mente a olvidarse de sí misma. La conciencia se anula, porque toda la energía mental está centrada en el acto de mirar e intentar comprender lo que se está viendo para luego generar una imagen correlativa, colocando unas materias coloreadas sobre una superficie. Me convierto en una máquina de ver, en un traductor automático de imágenes. Pero lo más interesante es que, cuando realmente estoy pintando o dibujando con absoluta concentración, con una relación fluida y armónica entre ojos, cabeza y manos, no sólo me olvido de mí mismo, sino que, de manera misteriosa, también olvido lo que estoy tratando de reproducir. Hay un momento en que no sé si eso que estoy pintando es una nube, o un paño, o un teléfono móvil: para mí es únicamente una suma de manchas, una gradación de valores de luminosidad y tono que percibo e interpreto. Después, es como si abriera los ojos y encontrara la imagen ahí, delante de mi vista.

Durante mucho tiempo estuve pintando a partir de fotografías. Pero un día sentí un deseo muy fuerte de pintar del natural y empecé a tomar como modelos objetos de mi entorno cercano: un cargador, una cinta de música, un despertador, unas zapatillas… Cosas con las que me encuentro en casa, en la calle o en el estudio. Es lógico que pinte lo que me rodea: así como la fotografía y los medios de comunicación nos permiten acceder a realidades distantes, este tipo de trabajo ha de realizarse necesariamente en presencia de aquello que representas y, por lo tanto, es el resultado e indicio de un espacio y un tiempo compartidos. La atención a lo cercano me parece algo imprescindible para la vida. Paul Auster, citando a Pascal: “La infelicidad del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación”.

Mirar presenta una selección de motivos diversos que han atraído mi atención en los últimos tres años: mi mujer vuelta de espaldas, una ventana del estudio que da a un patio interior, flores en un bote de cristal, desperdicios caídos en el suelo, bolsas de plástico… Configuran una especie de mapa mental, un catálogo de obsesiones. Las obras expuestas establecen un diálogo entre ellas y con el espectador; pero qué es lo que dicen, yo no lo puedo saber.


Ventana II, 2012, óleo/tabla, 48 x 48 cm.



Elena de espaldas, 2013, óleo/tela, 100 x 61 cm.



Elena de espaldas, 2013, óleo/tela, 100 x 61 cm.



Elena de espaldas, 2013, óleo/tela, 100 x 61 cm.



Todo lo que cae, 2011, acrílico/papel , 50 x 50 cm.



Todo lo que cae, 2011, acrílico/papel , 50 x 50 cm.



Todo lo que cae, 2011, acrílico/papel , 50 x 50 cm.



Todo lo que cae, 2011, acrílico/papel , 50 x 50 cm.



Todo lo que cae, 2011, acrílico/papel , 50 x 50 cm.



Todo lo que cae, 2011, acrílico/papel , 50 x 50 cm.



Bolsa verde, 2012, óleo/tela, 40 x 40 cm.



Bolsa negra, 2012, óleo/tela, 55 x 40 cm.



Bolsa azul, 2012, óleo/tela, 50 x 50 cm.


Cuadros de flores, 2013, óleo/tela, 70 x 50 cm.


Cuadros de flores, 2013, óleo/tela, 70 x 50 cm.